martes, 16 de marzo de 2010
Todo está en su lugar.
Cuando miro por la ventana a lo lejos las luces rojas me aburren un poco, porque extraño mi casa. Mi cama gigante, el equipo de música, la tele pequeña, vivir lo más cercano a la tierra. Ahora no sé a cuantos metros estoy del nivel del mar y cuando tiembla se balancea la puerta de atrás para delante. No estoy ni ahí con escribir prosa "bonita" y sé que todavía no soy capaz de hilar versos (a parte, siempre me han parecido tan antiestéticos) por una puta vez. Gracias a la vida que este departamento tiene protecciones por todos lados, me quiero matar. Sí, todos los días, al ver reflejado éste triste y patético reflejo mediocre de chiquilla, sabiendo que la piel cede, cede, cede tanto que hasta el pelo se te pone blanco, las tetas caen aún más; el alma pesa como nunca. Que P-A-J-A empezar todo de nuevo, caritas nuevas, todo nuevo, miedo. Ansiedad. Me cago en mi vida. No sé que estoy buscando, algo, reemplazo de lo antiguo, sorpresas. Quiero ser. SER. Y la bestia que creaste en mi nunca más va a lamer la sangre de tus dedos. ¡Ay, pero que rico!
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