sábado, 6 de diciembre de 2014
enemy
El proceso de sentirse bien es como lento. Partiendo porque hay que empezar con declarar abiertamente lo mal que estuviste y tomar decisiones al respecto. Primero le contai a alguien, que piensa al respecto y que si te puede ayudar con algo. A veces son terapias en general, un consejo, un número de teléfono aló-suicidio (cosa que no pasó porque hola incómodo). Y buscas ayuda. Te sientas en el piso esperando a que empiece la clase de yoga/pilates/baile entretenido/zumba o esperai a que el terapeuta de turno te termine de servir el té (la verdadera naturaleza de su profesión será dejada en incógnito porque pa' qué). Los minutos pasan mientras hablai y hablai, te mueves y te mueves, inhalas y exhalas. También pasan los días, las semanas, los meses. Todo a tu alrededor se empieza a desplazar contigo. El tener más cosas que hacer es directamente proporcional al tiempo que ya no tienes para lamentarte. Igual eres humano y te sigues mandando cagazos, nuevos tipos de errores que jamás habías cometido y pensai: ¿necesito ir corriendo al celular pa' pedir una hora? ¿me tengo que ahogar en el arrepentimiento? ¿me quedo simplemente callada y sigo adelante? ¿o lo dejai reposando ahí en los rincones inhabitados de la mente? Si pero no. Esto de ser persona es nuevo para mi: saludar, pedir por favor, dar las gracias, despedirse. Antes no hacía nada de eso, y si lo hacía era de mala gana. Siempre he dicho que me gusta la gente, la amo, pero no sé como relacionarme con ella. En volá esta soy yo aprendiendo a serlo. O a reconocer que nadie es mi enemigo, sólo mi cabeza.
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