jueves, 21 de mayo de 2009
30 minutos
Me carga llegar, sentarme y mirar este pueblo de una manera tan apacible que si pudiera desdoblarme y ver lo que hago, me pegaría. No debo seguir con esa actitud tan pasiva-agresiva con lo que me pasa, no explotar 10 segundos con cara de energumena a gente que no tiene absolutamente nada que ver, y seguir sonriendo después. ¿Qué me rodea que cause estragos? Necesito ir al río, a gritar hasta quedarme sin voz, sentarme y llorar por minutos sin que nadie tenga la descencia de parerme porque simplemente no quiero que nadie me entienda, tampoco lo hacen ahora, pero el dolor es dolor y hay que saber acabarlo. No tengo nombres para mi estado, me dan miedo, me aterra ver en un espejo mi reflejo anulado por agentes patógenos, enfermedad imbécil que transtorna mi visón. Hacer conmigo las paces y volver a estar en paz. En paz, lo pido a gritos...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario