miércoles, 9 de diciembre de 2009

Look after you.

Alguien me dijo, uno de esos días lejanos, que ser súperpodesoro era bueno. He intentaba pararme al lado de aquellas personas mayores que me parecían de esa manera, tal vez mi madre o quizás mi padre, pero ninguno podía alcanzar la altura de aquel gigante o la fuerza de hierro de mi héroe de turno. Que Superman, que Batman, que Aquaman, que Capitán América. Que Batichica o que Mujer Maravilla. Que hombre o que mujer. Poco me hubiera importado si por esas casualidades tuvieras ambos géneros o ni el uno ni el otro. O que te presentaras ante mi con una armadura de hojalata sin tu cuerpo, pero que aquella alma flote a mi alrededor con la liviandad de una pluma, con el amor de aquellos cuentos del pasado en que los amores imposibles destrozaban la vida de sus protagonistas o el amor cortés caballeroso de los tiempos de un Mio Cid campeador. Sin lugar a dudas tienes en tus manos el poder de destrozar este corazón como nadie más podrá hacerlo si alguna vez llegas a pronunciar el "Esto no da para más, adiós" (que es más doloroso de lo que nadie espera) o llegas a reemplazar(me) con algo/alguien mejor que este ser escritor detrás de una pequeña pantalla hacia tu infinito mundo de gracia. Gracia, prestancia, elegancia, y todas esas cosas que por lo general no me importan tener, pero si estás ahí, son vitales. Aire, fuego, agua y tierra. Miro detrás de ti y soy feliz. El destino nos dirá si estamos en lo correcto, si el camino de penas y alegrías que decidimos llevar juntas de la mano es el real. Matrimonios, familias, fiestas, decepciones, tragedias, llantos, risas y más llantos. Hombros empapados de lágrimas inútiles, pero sabemos que por lo menos, sea conveniente o imposible, es real. Podrán desfilar frente a mi los mejores perfiles (virtuales y/o concretos) de buenas migas, pero si me quedas tú, con la sonrisa del sol, la piel de nieve, el cabello de hilo y todo eso, créelo amiga mía, princesa de un cuento infinito.

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