jueves, 12 de febrero de 2009

La Lola

No sirve para estar sola. La weaita del contacto físico, lo caliente que se sentía al mirar a los ojos de aquel maldito ser tras el cigarro y el vaso de copete, la música estridente que salía de los parlantes, todo se sentía bacán. Cuando los 5 sentidos empiezan a debilitarse toda la mierda que se lleva dentro se sacude, así de fácil, así de rápido. Ella ya se iba pal' lado después del cuarto, quinto roncola; cuando le tocaba la cara al Javier apenas sentía la punta de los dedos pasar por la boca de él; incluso no podía olerle el tufo asqueroso a tequila. Cerraba los ojos y veía circulitos dando vueltas. Agudizaba el oído y podía oir a las palomas de la plaza de la esquina que sigue hacer el ruru de mierda o eso creía ella.
Se lo había comido, una y otra vez durante diez minutos. Lástima que no se atreviera a hacerlo sobria, todo sería más lindo, super cuaticamente perfect. Hacía ya 1 año que conoció al Javier por medio de la Cami, esa mina culia que ella sin sospecharlo era la que se culiaba el Pato, su pololo de turno. Bohemio, interesante, rico, las tenía todas él. Tenía un saborcito a limón, mucho tabaco y algo de menta. Ya eran las 3 y le estaba agarrando el paquete. Ella no quería nada sano, absolutamente nada políticamente correcto; le pasó la lengua por los dientes y agarró aún más fuerte, a lo que él soltó una risa weona, pero lo soltó antes de que osara a decirle "vamonos, Lola". Odiaba estar sola, pero más odiaba estar con alguien, huea que ni ella entendía pero le gustaba.

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